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Lorena

Novias

26 julio, 2025

¡Qué decir de Laura! Independientemente de la calidad de su trabajo, de la especialidad de sus tejidos y de su técnica, me quedo con el factor humano, de ella y de todo su equipo. Laura te abraza desde el primer día, te escribe y te lee personalmente ella (importante en estos procesos), te escucha, te aconseja, te asesora y te anima. No es una diseñadora, es y son mucho más. Ojalá poder contar con ellas en muchos momentos más de mi vida.

Lorena se puso en contacto por email en enero de este año completamente agobiada: sin ideas, sin nada decidido. Esa misma semana cogió un AVE desde Córdoba hasta Madrid para venir al atelier. En apenas una hora, hora y cuarto, el vestido ya estaba visualizado y decidido.

El diseño final se comprendía de tres piezas distintas, planteadas como un conjunto versátil: el total look para la ceremonia (vestido, sobre abrigo y velo), para el coctel se quitó el velo y en el restaurante se quedó únicamente con el vestido esencial.

Lorena es una mujer moderna, atenta a las tendencias de moda. Quería arriesgar con su vestido, romper con lo habitual sin perder elegancia. Es por eso por lo que lo primero fue pensar “¿dónde podemos poner ese riesgo?”. La respuesta vino desde el tejido. Rescatamos un cubrecama de red de algodón antiguo, un encaje que conquisto a madre e hija al instante y que sería la materia prima del abrigo.

La idea era hacer que el abrigo fuera la pieza moderna del conjunto, sin perder el contexto de la vida tradicional. Se diseñó de manera simétrica, con cierre diagonal que respetaba al máximo la integridad del encaje. El remate inferior se convirtió en una cola cuyos picos seguían esa diagonal. Mangas rectas con hombreras, cuello tipo chimenea abierto, líneas limpias, elegantes y sofisticadas.

Por su parte, el vestido pertenece a la colección de esenciales, y fue creado a medida con un toque personalizado. Corte con escote cuadrado, esquinas suavizadas, caída en quillas que se abrían en godets de bambula plisada de seda y tejido en crepé en una tonalidad cruda única y característica del atelier.

El encaje antiguo, comprado en un anticuario, pasó por un proceso de blanqueamiento natural: se transformo de un tono mostaza a un crudo suave, en perfecta armonía con el vestido.

El toque final: un velo de cuatro puntas, en garza de seda, delicado y con el sello del atelier.

Un resultado único y con carácter.

Créditos:

Fotografía: Saule                                                                                                                                                                                        

 

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