Hace diez años comencé a dibujar mi vestido de novia soñado, y cuando nos prometimos no era capaz de verme bien con ningún otro diseño. Encontré el taller de Laura, donde están muy comprometidas con la artesanía y los acabados únicos. Durante el proceso de confección tuvimos que solucionar varios obstáculos que se nos pusieron por delante, como sustituir un tejido descatalogado por el proveedor y afrontar un aplazamiento por pandemia.

Rediseñaron la estructura del vestido en dos ocasiones para conseguir el volumen que yo buscaba a pesar de no ser su estilo habitual, encontraron más metros de mi encaje cuando necesitamos más, y finalmente mi vestido acabó siendo mejor que como lo había imaginado.

No dejéis de visitar este taller si buscáis un vestido vintage, sin importar de qué época, porque sabrán haceros sentir vosotras mismas en ese traje. Tan solo os puedo recomendar una cosa más: no tengáis miedo de decir lo que queréis, de comunicar cualquier cosa que no os convenzca, de explicar cómo queréis veros ese día. A veces las novias tenemos mucha presión encima, pero en las pruebas deteneos con calma y disfrutad de esos momentos que no volverán y aprovechadlos al máximo. No es como en otros talleres donde las pruebas se cobran aparte, o donde tengan una duración máxima. Ellas no pararán de trabajar hasta que os sintáis felices con vuestro vestido.

El día de la boda, todos decían que jamás habían visto un vestido tan original y elegante, y que se notaba que no lo había encontrado en cualquier tienda de novias. Y ver al novio llorar al verme llegar… El momento más emocionante del día, y puede que de nuestras vidas.