No soy novia, nunca me compraré un vestido de novia. Pero sin duda viendo cómo trabaja Laura, con el esmero con que se toma cada uno de los proyectos, cómo es capaz de sacar arte de un trozo inerte de tela, viendo en su atelier cómo cobran vida, y cómo lo vive… Yo no me lo pensaría.