Todo empezó 16 meses antes de la boda. Le enseñé a mi madre unas fotos de vestidos hechos por Laura y… ¡Le encantaron!
Aunque era pronto, decidí llamar a Laura para que me informase sobre el tiempo con el que debía comenzar. Ese día estuvimos hablando cerca de 2 horas, me encantó hablar con ella, la seguridad, sinceridad y buen rollo que me transmitía. Hasta finales de junio no volvimos a hablar, pero ya en ese momento decidimos preparar una carpeta con referencias, en la que quedó de manifiesto que no tenía ni idea de lo que quería, jejeje.
A mediados de julio quedamos para vernos y creo que fue en ese momento cuando me enamoré, el culpable… Padme, fue el primer vestido que me probé, cuando aún ni tenía nombre, pero… No sería el definitivo. Este diseño me hizo tener claro quien sería la persona que me vestiría el día de mi boda. Fuimos dando vueltas, viendo tejidos, largas conversaciones… Hasta que lo vi claro, mi falda debía volar y eso mezclado con un maravilloso encaje antiguo y un poco de Rock’n Roll dio lugar al vestido de mis sueños. Cada cita en el atelier te hace darte cuenta de quien está trabajando en tu vestido, no es solo un vestido más, ponen el corazón en cada uno de ellos.